Con 23 años en el pasaporte, una carrera, universitaria, a las espaldas y un mundo por delante se me presentó un verano sin ocupación alguna. Tenía algo de dinero en el bolsillo del último contrato no renovado. De repente un buen amigo me propuso un plan anti-aburrimiento, hacer el Camino de Santiago en bici. Yo, que soy de los que primero dispara y luego apunta, me alisté. Luego ya pensaría en los preparativos del proyecto.

Y es que por ahí van los tiros, con la manta en la cabeza ni veía por donde empezar. Asi que los preparativos del proyecto fueron a ciegas:
1.- Mi hermano me prestó la bici. Cuesta abajo iba como un patinete eléctrico, pero en las subidas el acero de los tubos del cuadro se convertía en plomo.

2.- Mis compañeros me recomendaron comprar unas alforjas, un saco para dormir ¡calentito en verano! y un pantalón de ciclista.

3.- Además,  para prepararme fisica y mentalmente subía todas las tardes la cuesta hacia el bar de tapas que frecuentaba la cuadrilla. Gran aclimatación, arriba me esperaba una jarra de cerveza enorme con dos o tres bocadillos, era un verano caluroso. Luego resultó que el camino coincidió con la peor ola de calor en décadas. Imaginaros si hacía calor que hasta no me importaba madrugar antes del amanecer, perezoso como yo soy.

Si iba a hacer el Camino de Santiago en bici eso era lo que necesitaba, los preparativos del proyecto ¿no?
Al tomar contacto con la realidad, la noche antes de empezar, no dormí. Mis tres compañeros parecían escaladores del Tour de Francia. Los otros peregrinos que durmieron con nosotros en el albergue parecía que habían nacido para surcar montañas en bici, en plan pro, muy pro.

Los primeros kilómetros corroboraron los augurios de la noche anterior. Fueron desesperantes. Las bicis y algún ciclista no estaban puestas a punto. Uno de los compis tenía que frenar contra piedras o contenedores. Sus zapatas y los cables de freno que las tensaban se habían quedado en casa, haciendo compañía a mi forma física. Yo no podía con cuestas de más de 10 metros.

Por 4 veces un peregrino que iba andando nos dijo aquello de “Buen camino” mientras nos adelantaba.

Al final nos lo tomamos a risa, no quedaba otra. Pero el camino no sólo puso luz a nuestras faltas de preparación. Los lados del camino estaban llenos de artilugios del mundo de las comodidades. Cositas que no ayudaban a hacer camino como maquinillas de afeitar eléctricas, espuma de afeitar, secadores de pelo. 600 km se hacen cargados de ilusión, no de “comodidades.

Ese día aprendí una lección: si vas a hacer algo por primera vez, dale un par de vueltas en la cabeza antes:

  • Compro experiencia. A la larga sale barato. Pregunta a alguien que haya pasado por allí antes. A mi hubiera venido como ruedas a una bici saber cómo planificar un proyecto. En este caso, cualquier peregrino me habría contado que lo más importante es tener una mochila con lo justo, montada sobre una bici puesta a punto como si de un Formula 1 se tratara.
  • Si vas a correr una carrera, puedes dar  antes unas vueltas de prueba. Las piernas y la bici no se ponen a punto solas. No es lo mismo levantar una jarra de cerveza con la barriga llena de pinchos que subir una cuesta en bici con 100 km en las piernas.
  • Antes de empezar a correr, reviso mis motivaciones. Sin ellas no sería posible sortear los muros que seguro irán apareciendo por el camino.
  • Aprovecho la ilusión inicial para trazar un plan, lo más detallado posible. Cuantos más pasos defina de antemano, mas problemas problemas podré resolver de antemano. Cada etapa lleva tiempos, recursos en forma de habilidades y personas que me podrán echar una mano cuando mis capacidades se queden cortas.
    El EquipoCada vez que estoy con los preparativos de un proyecto me acuerdo de mi padre. Con papel, grafito en mano, paciencia a chorros y determinación a mares sentó las bases del Microsoft Project. Porque estoy seguro de que mi amigo el Puertas, que inventó las Ventanas informáticas, le robó el Copyright a mi padre para crear su Planificador de Proyectos.
    ¡¡Ah, se me olvidaba la mejor lección de esta historia!! Ese camino de Santiago acabó en Santiago, y no pidiendo un taxi que me llevara a casa, gracias al equipo que me llevó en volandas. Y digo «ese» porque hasta la fecha le han seguido otros dos. Eso sí, bien preparados y mejor disfrutados.
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