Una reina se quedó ensimismada con una pianista que acariciaba las teclas como los ángeles … si los ángeles manipularan el piano. Le preguntó – ¿Qué has hecho para tocar tan bien que BORRAS todas mis preocupaciones cuando te escucho?

A lo que la pianista respondió – Dedicarle media vida y parte de la otra mitad.

A cualquiera nos gustaría CONSEGUIR algo, llamemoslo “sueños”. Esos sueños a veces suben de nivel, y pasan a ser metas, el momento en el que nos ponemos a trabajar en hacerlos realidad. Rara es la vez que los astros se alinean y conseguimos llegar al cartel de «FIN».

A mí lo me sucede es que los sueños se me cruzaban como bandadas de aves, y cualquiera me valía. Me he pasado media vida persiguiendo de todo: idiomas durante mis viajes de trabajo, promociones laborales, éxito deportivo, dinero.

Pero ninguno de esos mereció que le dedicara ni un mes de mi tiempo. Aprovechaba que pasaba otra bandada para olvidarme de la anterior. Hasta que llegó una meta que sí que merecía el peaje: Formar una familia. Dediqué todos los recursos a mi disposición durante 3 años para plasmarlo. Y gracias a que mi mujer era parte del sueño, lo conseguimos. No puedo decir que la tarea esté acabada, pero estoy contento con el resultado parcial.

Mirando atrás no sé si sería capaz de volver a batallar como luché, cosas de la edad. Eso sí, di una parte de mi vida para conseguir mi sueño. En ese momento perseguir ese pájaro era lo que me pedía el corazón. Y a fe que lo perseguí, de la mano de mi mujer.

Y si la reina me preguntara ¿Volverías a repetir el camino? Yo le diría

– Por este sueño-familia daría la vida entera, porque la vida me ha dado.

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