Con la recién estrenada adolescencia mis padres me mandaron un mes a Irlanda a estudiar Inglés, y de paso a aprender algo de la vida fuera de casa. Yo iba con dos salvavidas, la experiencia del año anterior con mi hermano y un nivel medio en conversación. 

Pero algunos de mis compañeros, con dos años les mandaban tirarse a la piscina sin agua.menos que yo, no entendían nada de anglosajón, su pariente más cercano estaba a 1.000 km y era su primera salida. Y por cierto, no había Internet para hacer video-llamadas de emergencia. Vamos, que les mandaban tirarse a la piscina sin agua.

Pasamos nuestra primera noche con nuestras familias de acogida. Tras el primer desayuno de realidad con piedras, la jefa del grupo nos citó en el colegio. Era Domingo, no había nadie en los barrios de los suburbios donde dormíamos. Nos mandó a llegar al colegio en autobús, lo que no nos dijo es que los domingos pasaban cada hora. El autobús iba a ser nuestro compañero de viajes durante el próximo mes, y muchos no habíamos cogido uno en la vida. La primera vez que tuve que coger uno en las islas …. 

  • No sabía que tenía que levantar la mano para que el autobusero parara a recogerme, pensaba que tenía que parar en cada poste. El siguiente que pasó casi me pongo en medio de la calzada para pararlo.
  • Una vez montado, desconocía la utilidad de los botones de las barandillas, asi pasada mi parada, tuve que esperar a que otro pasajero los presionara para bajarme, tres paradas después. Me tocó andar por la mediana de una circunvalación 2 km para volver a casa.  

Nos llevó al centro y nos dio la vuelta cual turistas con guía. “Comimos” los sándwiches que venían de casa y sin más aviso se despidió. Nos tocaba volver solos. La cara que se nos quedó bien hubiera valido para interpretar el dramón más duro de la historia.

Los veteranos reunimos al grupo, revisamos donde vivía cada uno y las lineas de autobus que necesitaban, y fuimos haciendo entregas puerta a puerta cual repartidores  de una tienda por Internet. Primer susto para todos, un jarro de agua fría para los más peques.

Pasaban los días, y una vez aprendida la dinámica de los autobuses,  para muchos el único buen momento del día era cuando nos reuníamos por las tardes en el McDonalds. Comían caliente y rico mientras hablaban en castellano. Alguno que tenía más confianza se acercaba y te preguntada por la traducción de «cómo pongo agua caliente en la ducha», «estoy hasta las narices de comer sándwich todos los días», ó «me podeis dejar de dar leche fría en el desayuno». Pero daba igual, el bombo nunca estaba encendido, solo sabían cocinar rebanadas de pan Bimbo untadas en margarina, y la leche caliente es sólo para los bebés. La rutina no cambiaba. Yo creo que alguno de mis compañeros, cual presidiario, tenía un calendario con la cuenta atrás para volver a casa clavado en el techo del dormitorio.

Después de un mes fuera de casa los mayores habíamos disfrutado de nuestra “libertad”, y gustosos nos hubiéramos quedado otro mes más a nuestras anchas. Pero todos esos peques que no tenían manera de comunicarse en medio hostil abrazaron a sus padres en el aeropuerto y se prometieron no soltarles nunca más.

Esos mismos padres que les pusieron entre la espada y la pared para que aprendieran ingles, y que lo único que aprendieron fue a odiar el idioma y la cultura de esas islas inhóspitas en las que llueve hasta en verano. Indirecta o no, a esa lluvias torrenciales de las tardes las llamaban showers, duchas. Hasta el tiempo era hostil. El sol de la mañana nos engañaba mientras elegíamos la ropa. A los la Ibérica ganas nos daban de interpretar el cantando bajo la lluvia, en castellano y sin paraguas 🙂 aunque solo fuera por asearnos un poco.

Bueno, aprender, lo que se dice aprender, aprendieron más cosas:

  • Se puede estar un mes sin ducharse, siempre que los de al lado tampoco se duchen. 
  • En un día solo hace falta una hamburguesa con patatas como rancho para sobrevivir.
  • Si no sabes comunicarte en tu casa, no te comunicas. Te haces transparenteTe haces transparente, en cuanto puedes te metes en el cuarto y esperas a que llegue la siguiente quedada en el McDonalds.
  • Si te confundes de parada de autobús, tienes un par de piernas para corregir el error.
  • El tiempo corre lento cuando lo estás pasando mal, un mes se te puede hacer como un año.
  • Si tus compañeros lo están pasando igual de mal que tú, se convierten en tus mejores amigos al instante.
  • El perro de la familia puede ser tu mejor aliado para tragarse todas las viandas que tu cuerpo no puede engullir.
  • Mejor no escuchar los programas de radio donde se ríen de los estudiantes españoles, que pagan dinero por pasar todas las penurias arriba descritas.

 

Total, que si te tiran a la piscina y resulta que no tiene agua, te dejas de chorradas, te pones en modo supervivencia, y sobrevives. Al menos eso aprendieron muchos de los compañeros de mi grupo.

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