Mi abuelo operaba trenes para Talgo (actualmente Renfe, para los Milenians o post-Milenians que estéis leyendo este artículo). Un día me llevó a la estación y me explicó los entresijos que se esconden entre sus andenes, las locomotoras, vagones, la cafetería, etc. En uno de sus viajes de negocios mi padre me trajo un tren-apisonadora que funcionaba quemando unas pastillas de algo parecido a azúcar. Para mi fue el regalo más especial del mundo mundial. Punto. Cuando nos conocimos, mi mujer y yo vivíamos en diferentes ciudades. Llegó en tren la primera vez que me visitó. Más recientemente, mi hijo, antes de empezar a gatear, ya practicaba con trenes de juguete y sus raíles de madera, que instalaba a su gusto por TODO el salón.

Después de contaros la historia de los trenes en mi familia os tengo que confesar que este artículo no va de ese tipo de trenes. Esta intro es en primer lugar para homenajear los que tanto me han enseñado, unos durante mi infancia y otros durante la suya. Hoy quiero escribir unas líneas sobre otro tipo de trenes, que también empiezan en las infancias. Se trate de esos trenes que nos mueven y que cada uno llevamos dentro, muy dentro:

  • Un tren cuya locomotora apunta hacia esas metas que nos marcamos en la vida. Va parando por estaciones a modo de pequeños logros. Carga carbón cuál combustible propulsor y prosigue la marcha hacia la siguiente meta. 
  • Malo si se queda parado cargando durante mucho tiempo, peor si nunca consigue llegar a una estación.
  • En cada estación, sobre todo desde pequeño, puede añadir vagones. Cada vagón tiene asignado un valor personal, por encima de lo económico: respeto, trabajo en equipo, confianza, etc. Se carga también el carbón que le da energía para el viaje. 
  • Como si de un cambio de agujas se tratara, cambia su dirección a la siguiente meta. Hay veces que incluso hacen cambio de agujas durante el viaje, si es que quieren cambiar de meta sobre la marcha.

 

Cuando un tren encuentra otro que comparte destino se pueden unir, a modo de tándem. Pasan a formar una pequeña familia que puede llegar a  duplicar velocidad y autonomía para llegar a conseguir sus metas. Metas como tener y educar hijos o formar negocios se nutren de estas uniones. Pero esta unión tiene una peculiaridad, una limitación más bien. Si no comparten valores los dos trenes, a la larga, el tren suma no funcionará. El carbón que necesita uno no es compatible con el del otro, y se estropearán mutuamente.

¿Cuántas veces habéis visto a personas con las que compartís metas pero no habéis sido capaces de avanzar juntos para conseguirlas? Ahora podéis pensar en qué valores diferentes han gripado vuestras maquinarias.

Y para acabar paso a explicar el segundo sentido de la intro. Abuelos, padres, hermanos me regalaron unas locomotoras y vagones magníficos. Mi hijo me recuerda que siguen enganchados al tren que comparto con mi mujer. Gracias a todos vosotros VIVO cada día, camino de la siguiente estación. Nos vemos por las vías y estaciones del mundo. E igual, hasta compartimos parte del viaje, un viaje hacia esa felicidad que acaricio.

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