Te propongo  jugar al juego de preguntas y respuestas rápidas. El tema, la conquista del Polo Sur. Objetivo, conocer dos maneras de afrontar un proyecto en el que te va la vida. 

Empezamos:

¿De qué país era el equipo que primero pisó el Polo Sur, Inglaterra o Noruega?

¿El equipo ganador primó el número o en la especialización de sus integrantes?

¿El equipo perdedor, se planteó uno o varios objetivos?

¿El perdedor delegó el transporte de personas y enseres a novedosos trineos tirados por motores?

¿Cómo se llamaba el líder de la expedición ganadora, Scott o Amundsen?

¿Qué fue del líder del equipo ganador, gloria y dinero, o más expediciones novedosas pero anónimas sin financiación?

Si quieres saber cuántas respuestas has acertado, te invito a leer el siguiente resumen de la historia de la conquista del Polo Sur, luego puedes volver y te enseño las joyas que he encontrado escondidas en esta apasionante historia.

Amundsen tenía un objetivo, ser el primero, una motivación, conseguir la gloria para financiar futuras expediciones por el globo. Para él la conquista del Polo Sur era un medio, no un fin. Scott aplicó el método de expediciones inglesas anterior, muchos medios humanos y materiales y un marcado carácter investigador-científico. La pasta al servicio de la ciencia.

Para conseguirlo, Amundsen, en ver de invertir el dinero que no tenía, invirtió tiempo. La “falta de fortuna” le llevó a perder el barco entre el hielo polar y refugiarse con los esquimales. Aprendió tanto, en tan poco tiempo, sobre la vida y la supervivencia en el frío polar que decidió quedarse un año más y perfeccionar los medios que le darían la victoria.

Planificó y optimizó al detalle los recursos. Comenzó a moverse con esquíes y perros de sobra. Los perros eran los únicos adaptados para cargar con personas y el equipo de la expedición. Cuando la carga se redujo, los sacrificó para ahorrarse su alimento y dar de comer al resto del equipo, humanos incluidos. 

Formó un equipo pequeño, sólo 4 personas en la punta de la lanza, pero extremadamente competente en el terreno polar. Cuanto más complejo es el equipo, más posibilidades hay de que falle.

Amundsen se dirigió al Polo Sur porque la conquista del Polo Norte ya había sido reclamada por otro equipo. Aunque él sabía que sus mediciones no eran del todo certeras y el Polo Norte podía seguir sin conquistar. Para asegurarse de que su conquista del Polo Sur no era tachada por la historia, dedicó tres días a asegurar la exactitud de la ubicación de su conquista. No dejó ni un detalle a la improvisación.

No consiguió la fama esperada, dado que ésta la otorgaban los mass-media ingleses. El Noruego jugó al despiste y anunció en primer lugar que se dirigía al polo Norte, para no avisar de sus pasos a su oponente. Los hijos de la Gran Bretaña decidieron encumbrar a su “héroe caído” Scott antes que al foráneo, escurridizo y efectivo Noruego.

Todo lo arriba indicado estás en los libros y blogs de historia. Pero entre líneas se puede leer una de las claves principales del método Amundsen. Al despertarse cada mañana, cuando el día era soleado, avanzaban durante 5 horas, luego ponían las tiendas y el equipo de exploradores preparaba la ruta del día siguiente. Si al día siguiente caían chuzos de punta, algo que de cuando en vez pasaba en el vértice Sur del planeta, hacían la misma secuencia de tareas. Hasta que la conquista del polo sur  se convirtió en una rutina. No tenían que pensar ni improvisar cansados al final del viaje. Fabricaron una rutina de la que regresaron vivos, sin ningún dedo congelado y con la sensación de poder seguir conquistando el Polo Sur eternamente si hubieran llevado más provisiones.

Si un día sale el sol, estás inspirado y lleno de energía,  recorres una maratón ¿Cómo te vas a levantar al día siguiente? ¿Y si además amaneces en una tormenta de nieve?  El 99% de los humanos tendrá el depósito de fuerza de voluntad a 0 y se quedará en la tienda, discutiendo con sus compañeros.

En esos proyectos personales en los que decidas embarcarte te va la vida, la felicidad. Da igual cómo amanezca el día: haz tu rutina, recorre tus kilómetros. Prepara el día siguiente, saborea lo que has conseguido, y descansa. Descansa con las ganas de querer hacer más mañana, aunque caigan chuzos de punta en tu Polo Sur.

 

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