Dicen que hace falta perder algo para conocer su valor real. Gaudi, al final de sus días, se puso como objetivo acabar la Sagrada Familia. Como vio que su llama se acababa antes que empezara la de la Basílica, decidió mudarse a las catacumbas de su obra inacabada a dormir,  para no perder el tiempo de los traslados diarios entre su casa y su obra. No consiguió acabarla, pero al menos la dejó bastante avanzada y legó a su tierra una obra que causa admiración y atrae a turistas a paladas. Su biografía es, como poco, inspiradora. En mi caso, es al revés. Desde pequeño he contado con tiempo que perder, gracias a un problema de salud que hizo que mi familia se volcara en mi. Mirando atrás, he de reconocer que me he vuelto un experto en perder el tiempo.

Como ser un experto en perder el tiempoMi explico:

  • Con 18 años mis padres me dejaban algún finde que otro solo en casa. Yo me dedicaba a devorar lo que me gustaba entre el menú de la nevera, mientras veía la tele una hora tras otra. Calculaba cuánto me tardaría estudiar y limpiar la casa. Me ponía a hacer las tareas un minuto después de la hora planificada. Si no tenía la espada de Damocles en la nuca, no me ponía en marcha. Os podéis imaginar el resultado cuando llegaban mis padres.  
  • En la universidad me lo pasaba en grande, acomulando apuntes en pilas de hojas que bien podrían haber ahorrado el talar algún que otro árbol. Esperaba a que los exámenes tuvieran fecha y hora para ponerme a estudiar en serio. Mientras no estuviera definido es como si no existieran.
  • En mi primer trabajo como comercial a puerta fría, tras recibir la primera  negativa cada mañana, esperaba a que la jornada pasara entre pinchos, periódicos y comidas. En esa época no había móviles con los que matar el tiempo. Con el finiquito no llagaron las dietas, y tuve que asistir a mi primer juicio. Conseguí que el patrón me pagara las “horas muertas y sus consecuencias”, pero ahí me di cuenta que al menos en el trabajo, el tiempo está para aprovecharlo. 

Vista la experiencia como experto en perder el tiempo, os voy a enseñar como yo quemaba el tiempo del que disponía ya más «adulto»:

  1. Siempre me levantaba tarde, no estaba motivado para hacer nada. Era un maestro en hacerme el dormido en la cama. 
  2. Iba planificando el día de comida en comida. Como era un suplicio esperar con la comida solo en la mente, acababa adelantandome la comida siguiente. Primaba la cantidad a la calidad.
  3. Dejaba para el último momento cualquier tarea que tuviera pendiente.
  4. Mi mente vagaba haciendo planes grandilocuentes, pero solo planificaba el final, el momento triunfal de haber logrado algo excepcional. El cómo llegar al objetivo estaba ausente.
  5. Me hice un experto en delegar tareas, y aún más en poner excusas cuando la responsabilidad me llegaba al cuello.
  6. Acabe por autoconvencerme que era un fracasado, rodeado de personas que conseguían sus logros, mientras yo ni siquiera era capaz de empezar a caminar hacia ningún lado, ni de provecho ni sin el.

El problema es que cuando haces poco, menos quieres hacer, y dedicas toda la capacidad de tu cerebro a pensar como seguir sin hacer nada. Es adictivo. Ahora quisiera aplicar la varita mágica del tiempo y borrar de mi esa cualidad de experto en pender el tiempo.

Pero ahora que tengo una mujer, hijo, familia y amigos con los que disfrutar de la vida, me sobran horas de trabajo para poder disfrutar de ellos. También me faltan horas para acabar todos mis proyectos, y estoy empezando a tener priorizar. No consigo todo lo que me propongo, pero estoy contento con lo que hago, y a veces hasta consigo acabar algún que otro proyecto. 

El camino que me llevó de la inactividad a disfrutar de la vida empezó con el reto de echarme novia para formar una familia. Así empezó el Método PGP a rodar. ¿Te apuntas?

Ahí van un regalo para los lectores que llegan al final del artículo, mi truco para empezar el día con ganas: La noche anterior, cuando estoy acurrucándome en la cama para disfrutar del descanso del guerrero, pienso en el día siguiente. Pienso en cuál es el mini-reto positivo con el que quiero empezar el día. Suele ser un reto personal, no laboral, que me encamine a alguna de mis metas en activo. Cuando me levanto, es como si mi mente solo ve el reto que me propuse la noche anterior, y no descanso hasta conseguirlo. Si tú también eres un experto en perder el tiempo, ¿por qué no le das la vuelta con el mini-reto de cada noche?

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