He puesto unos muros a mi alrededor, que me protegen de mis puntos débiles. El mundo los llama principios, aunque para mi son trincheras que sólo sirven para la guerra, guerra que nunca acaba bien. Asi vivo yo, atrincherado con mis principios:

  1. Uno me protege de las injusticias: aquello de que el pez gordo se come al chico, porque la jerarquía siempre tiene la razón y hace lo que le da la gana, lo llevo muy mal. Será porque de pequeño pasé de ser el hermano pequeño en casa al matón de la clase. Cuando crecí y me di cuenta de lo que hacía me fui del extremo atacante al defensor. Defensor sobre todo del que decide no tener un muro, yo le presto el mío aunque no lo haya pedido.
  2. Otro es la presión externa: soy muy exigente conmigo mismo, me pongo en todo lo que hago el listón muy alto. Más de lo que suele demandar mi entorno. Y no soporto que nadie me suba el listonín, que como y he dicho, ya está muy alto. No estoy entrenado para satisfacer a los demás, más bien prefiero ponerme mis propias metas imposibles. 
  3. Y por último, lo más importante, protejo la verdad. Bueno, para ser más exactos, mi verdad. Y es que con el tiempo y unas canas he aprendido que verdades hay muchas, tantas como ojos que la ven y bocas que la cuentan.

Cuando alguien se acerca a uno de mis muros, me verá atrincherado cargando la metralleta. Y mira por dónde que siempre que alguien me ve en esa actitud, comienza la guerra. Destrozo yo mismo mi muro para avanzar hacia mi presa, y ya no hay marcha atrás. La guerra ha empezado y sólo acabará cuando uno de los dos oponentes ondee la bandera blanca en su cañón.

En la verdad que estoy barajando ahora es como si los muros no existieran, vamos, que no me protegen. Más bien son una invitación a la guerra. El tiempo y las batallas me han enseñado que si te preparas para la guerra, guerra tendrás. Por el contrario, ahora me entreno para poner cara de Pócker ante las violaciones de mis principios. Sería como si los indios, al ver que no sirve de nada guerrear, preparan la pipa de la paz ante el Séptimo de Caballería que está a punto de cargar contra ellos. ¿Te atreves a ganar la guerra sin pegar un solo disparo? 

Hay diferentes maneras de afrontar la no confrontación. En el libro «Come chocolate y no discutas con idiotas» encontrarás la herramientas para ganar una discusión antes de empezarla.

 

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